Para mí el futbol une más al mundo que las mismas Naciones Unidas y no quiero que me malentiendan pero, comenzaré diciéndoles que el profundo cariño y respeto que México y Brasil han forjado es gracias al deporte, teniendo como embajador central a Pelé.

Edson Dorantes do Nascimento​ fue más que un futbolista, quizás el reformador de este deporte en un país que, se encontraba con muchísimas carencias y que encontró en una pelota la razón que los pondría en los ojos del mundo.

Brasil es un país fuera de serie, con gente maravillosa y además, con esa alegría en el corazón que cautiva a propios y extraños, justo por eso cultivamos una relación tan profunda, nos parecemos tanto que, nos hace eco en el corazón encontrar un pueblo hermano. 

La verdeamarela nos enseñó a respetar a la pelota, pero además, nos hizo comprender que el futbol es solo un pretexto para unir a la gente, un eje detonador de emociones que se cultiva pase a pase, que cada toque nos da un respiro y es por eso que, justo en muchos pueblos de Latinoamérica este deporte es tan importante, necesitamos algo que nos aliente, que nos de un respiro y sea alimento para el alma.

Pelé reía con Cantinflas, Pelé sonreía recorriendo Guadalajara y la Ciudad de México, esta historia está lejos de ser algo común, era un personaje que amaba su natal Brasil y jugó en el Santos en una época en donde no era común ir a Europa, en donde, los derechos televisivos eran mínimos, en donde el futbol era solo eso, distracción. Pero su imagen imponente, sólida y colorida daba vida en un Brasil que se moría por mostrar su cara amable al planeta.

Bailaba samba con la pelota, era como un poeta encontrando las palabras para terminar cada verso, no les mentiré, lo vi jugar gracias a los vídeos en internet y a esos reportajes históricos que realizaban investigadores del deporte, pero eso bastó para darme cuenta de su calidad, del peso que tenía encima, su peso no era jugar futbol, su peso era ser Embajador de Brasil.

Cada cosa que hacía o dejaba de hacer era noticia en su país, sus problemas eran los problemas de Brasil porque justo en una Latinoamérica que tenía pocas razones para encontrar sonrisas sociales, estaba el futbol, como único alentador.

Gracias Pelé, por ser un embajador de la cultura brasileña, gracias por reformar el futbol y construir una relación sólida entre México y su nación de Orden y Progreso. 

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